Sus chispeantes ojos negros escondían una tristeza que intentaba disimular con una sonrisa tímida. Nacida en El Salvador, de niña solo tuvo un sueño: comprarle una casa a su madre. Para eso debía emigrar al país de los sueños. No había pasado la adolescencia cuando caminó hasta Arriaga, en el Estado de Chiapas, México, y subió al techo del tren que la llevaría a la frontera de sus ilusiones.

Después de mucho intentar, logró pasar “al otro lado”. Trabajó duro en la cosecha de la lechuga, mandaba dinero a su madre. . . y conoció “el amor de su vida”. Se casó, y tuvo dos hijos. Pero en esas curvas del destino, su esposo conoció la muerte y ella la soledad. En esos días la conocí en Yuma, Arizona.

—Padre [pensaba que yo era sacerdote], lo único que me consuela es saber que mi José está en el cielo. Él bajó dos veces a mi casa; lo vi de cuerpo entero.

Clotilde, crecida en la fe católica, creía que las personas viven después de muertas. Pero las Sagradas Escrituras dicen que Dios es “el único que tiene inmortalidad” (1 Timoteo 6:16). En ningún lugar la Biblia describe la inmortalidad como una cualidad o estado que el hombre posee en forma inherente.

¿Pero dónde estaba José, su esposo? Le expliqué a Clotilde que él “descansaba”, que el sueño es la metáfora que usa la Biblia para referirse a la muerte. La muerte es un estado de inconsciencia temporal mientras la persona espera la resurrección. A este estado intermedio la Biblia lo llama repetidamente “sueño”. Esto lo afirma el Antiguo Testamento (1 Reyes 2:10; 11:43; 14:20, 15:8; Salmo 13:3; Jeremías 51:39), y también el Nuevo Testamento (S. Mateo 9:24; S. Juan 11:11-14).

Finalmente, Clotilde halló consuelo cuando leyó que el sueño pone fin a todas las actividades (Eclesiastés 9:10), pero que anticipa un despertar: “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida” (S. Juan 5:28, 29).

Entonces nació en ella la esperanza de la segunda venida de Cristo.

El autor es el director de la revista El Centinela.

¿Vida después de la muerte?

por Ricardo Bentancur
  
Tomado de El Centinela®
de Noviembre 2022