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El 15 de julio de 1867, una ciudad se conmocionó para recibir a un indígena. La ciudad era México, Distrito Federal; y el indígena que arribó entre vítores era el presidente, Don Benito Pablo Juárez García.

Nos referimos a este prócer en el marco del Día Mundial de los Pueblos Indígenas, promulgado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se celebra el 9 de agosto, porque la lucha de Juárez para formarse contra viento y marea puede y debe motivar a nuestros hermanos indígenas latinoamericanos.

Generalmente, en América Latina al indígena se le mira con lástima o con menosprecio a causa de la retórica degradante de que ha sido objeto desde la conquista. Aunque hay suficientes argumentos para sentir compasión por el indígena despojado de sus tierras y sus tesoros por el invasor europeo, olvidado por los gobiernos locales y utilizado como parte del folclore, esto no favorece el desarrollo de una conciencia de superación. Nada es peor que la autocompasión. Por eso, en vez de enviar al indígena a lamer sus heridas en el rincón de la derrota, preferimos dirigir su atención a uno de ellos, a Juárez, un indígena exitoso cuya lucha por la superación personal y su ideal de servicio son dignas de emulación.

Benito Juárez nació en San Pablo Guelatao, estado de Oaxaca, México, el 21 de marzo de 1806. Huérfano desde la primera infancia, fue recogido por su tío Bernardino Juárez. Apenas pudo trabajar, Benito se dedicó al pastoreo de ovejas. “Puede decirse que antes de saber de letras supo de la descarnada verdad del México de su tiempo: la pobreza, la ignorancia, la injusticia.

“Siendo aún muy niño se dio cuenta de que para actuar sobre el mundo y cambiarlo¬†a la medida de la justicia, era preciso hacerse de una lengua de alcance nacional, que le permitiera servir a los mexicanos todos y no solo a sus coaborígenes, los zapotecas.

“Guelatao carecía de escuelas, ni siquiera se hablaba allí el idioma castellano. Los padres pudientes mandaban a sus hijos a la ciudad de Oaxaca para que se educaran; los pobres los ponían a servir en las casas ricas, a cambio de que se les enseñara a leer y a escribir. Para Benito Pablo no había más camino que este último. Y al amanecer del 17 de diciembre de 1818, a los 12 años de edad, se fugó de su casa, a pie, rumbo a la ciudad de Oaxaca, adonde llegó la noche del mismo día. Se acomodó en la casa donde su hermana Josefa vivía y trabajaba como cocinera de personas adineradas, quienes lo contrataron para trabajos de la granja. Pronto se convirtió en aprendiz de encuadernador gracias a Antonio Salanueva, sacerdote franciscano quien le brindó educación en una escuela para posteriormente pasar a la Escuela Real, de la cual se retiró por la segregación social hacia los indígenas de bajos recursos, y empezó a estudiar por cuenta propia. En 1821, inició estudios en el Seminario de Santa Cruz. Aprendió gramática, latín y filosofía. Y contrajo matrimonio con la hija de su ex patrón y amigo Antonio Maza, Margarita Maza”.1

Vida profesional y política

En 1834, Juárez se graduó en leyes del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, y usó sus conocimientos para defender al indígena. En 1833 fue electo diputado de la legislatura en el estado de Oaxaca, y en 1847 fue electo diputado federal. En 1858 fue electo presidente de México y en 1868 fue otra vez elegido para el cargo.

Durante tres gobiernos liberales, en las décadas de 1850 y 1860, entre ellos el de Juárez, se promulgaron las Leyes de Reforma que establecieron la separación de la Iglesia y el Estado. Este conjunto de leyes fue el inicio de una nueva era en la política, la economía y la cultura.2 El México de Juárez separó la Iglesia del Estado antes que Francia, pues el país que en 1789 legó al mundo la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano,3 dio este importante paso para conformar el estado laico hasta 1905.4 Puede decirse que Juárez volvió a fundar su país, ahora sobre la base de un estado laico.

De 1862 a 1867, el país fue invadido por el ejército francés, al que se unieron soldados de Bélgica, de Argelia y de la Legión Austro-Húngara. Juárez evacuó la capital, pero no renunció. En 1867 el invasor fue derrotado. Juárez volvió victorioso, y en su discurso dijo estas palabras memorables: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. El triunfo de Juárez representó un alivio para el gobierno estadounidense, pues los franceses simpatizaban con los Estados del Sur, que peleaban intentando separarse de la Unión.

La formación y los logros de Juárez desmentía a aquellos españoles que consideraban a los indígenas americanos bestias y no hombres. Uno de esos detractores de los aborígenes fue Fray Ginés de Sepúlveda, quien expresó: “Con perfecto derecho, los españoles ejercen su dominio sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio y todo género de virtudes y humanos sentimientos son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos, las mujeres a los varones. . . finalmente, estoy por decir, cuanto los monos a los hombres”.5

Los indígenas de América

Según datos de National Geographic y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (en inglés UNICEF), en América Latina existen actualmente 522 pueblos indígenas. . . Brasil tiene más diversidad de pueblos indígenas con 241. . . México, Bolivia, Guatemala, Perú y Colombia reúnen al 87 por ciento de los indígenas de América Latina y el Caribe.6

Talento y capacidad de trabajo

Cuando ponderamos los logros del indígena zapoteco Benito Juárez, no podemos menos que reconocer que Dios ha dotado a los nativos con talento suficiente como para aportar al desarrollo de la humanidad. Falta que la sociedad latinoamericana deje de lado la mentalidad colonialista que privilegia a la raza blanca sobre la raza de bronce, y que reconozca sus derechos humanos y jurídicos. Tanto talento y capacidad de trabajo hay en estos pueblos que en el pasado construyeron civilizaciones que fueron el asombro de los conquistadores europeos. Aún en estos tiempos, arqueólogos y turistas se maravillan ante las colosales proporciones de Machu Picchu, ante la ciencia de los mayas, y ante la Gran Tenochtitlán, la imponente capital del Imperio Azteca construida sobre un lago.

Linaje de Dios

Veinte siglos antes de que la ONU reconociera a los pueblos indígenas, San Pablo había proclamado la fraternidad humana. Dijo en su alocución ante los sabios de Atenas. “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra. . . es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:24-26). Y remató con una frase lapidaria: “Linaje suyo somos” (vers. 28).

¡Oh, cuánto ama Dios a cada persona y a cada pueblo! ¡Y cuánto anhela emancipar a los indígenas marginados de nuestra América! Con esa motivación, hay que levantarse y luchar con uñas y dientes hasta alcanzar un ideal, como lo hizo Juárez. Por supuesto, no es fácil. Labrarse un carácter virtuoso y empujar hacia adelante la rueda de la justicia y del progreso requiere mucho trabajo y sacrificio. Si hay alguien que enfrentó la adversidad fue ese indígena de 1 metro 55 centímetros (5’ 1”) de estatura, pero con un corazón colosal.

Sea poca o sea mucha la sangre indígena que corrre por nuestras venas, o tal vez ninguna, reconozcamos a los primeros dueños de estas tierras, porque todos somos miembros de una misma familia, la humana.

Indígenas en Harvard

Carlos Santiago Chango Uñog es el primer indígena ecuatoriano graduado en Harvard. Su maestría inició en agosto de 2006 hasta junio 2008. Es maestrante en Administración Pública en Desarrollo Internacional. Jamás fue discriminado en “Harvard”. Hoy es cofundador y gerente general de iChasky, una empresa social ecuatoriana cuya misión es mejorar el mundo a través de la formación de personas quienes, creyendo en sí mismas, logran sus sueños.1

En noviembre de 2020, el estudiante indígena Eliel Sánchez cursaba su segundo año del doctorado en Ciencias Jurídicas en la Universidad de Harvard, estudiando el conjunto de normas relativas a pueblos indígenas en México desde la postura de los estudios legales críticos.2

1. Alexandra Reyes Haiducovich, Benito Juárez. Su vida y su obra (V/Lex), pp. 181-204, en https://doctrina.vlex.com.mx/vid/benito-juarez-vida-obra-693146389; y “Benito Juárez”, Biografía Corta de, en https://www.biografiacortade.com/benito-juarez/.

2. “Benito Juárez y la separación iglesia – estado”, Historia y cultura de México, 24 noviembre 2011, https://culturaenmexico.wordpress.com/2011/11/24/benito-juarez-y-la-separacion-iglesia-estado/.

3. “Historia de los Derechos humanos”, Historia-Biografía, 4 diciembre 2018, https://historia-biografia.com/historia-de-los-derechos-humanos/.

4. Miguel Vega Carrasco, “La Iglesia y el Estado francés en 1905”, Descubrir la Historia, https://descubrirlahistoria.es/2014/07/la-iglesia-y-el-estado-frances-en-1905/, consultado en mayo 2021.

5. Alejandro I. López, “¿Por qué los indígenas americanos eran vistos como bestias por los conquistadores?, Cultura Colectiva, 16 diciembre 2016, https://culturacolectiva.com/historia/como-los-indigenas-dejaron-de-ser-bestias-gracias-a-la-conquista.

6. “UNICEF presenta el Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América Latina”, UNICEF, https://www.unicef.es/prensa/unicef-presenta-el-atlas-sociolinguistico-de-pueblos-indigenas-en-america-latina, consultado en mayo 2021.

El autor es el redactor de la revista El Centinela.

Un asunto de dignidad

por Alfredo Campechano
  
Tomado de El Centinela®
de Agosto 2021