Abstención de lo malo y moderación en lo bueno, esto es la templanza. La Escritura dice: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32).

Jesús fue modelo de templanza. Aunque asediado por los maestros y dirigentes religiosos de Israel, e incomprendido por mucha gente, no se doblegó ni comprometió uno solo de sus principios. Manifestó mucha templanza en la pasión. El ángel caído lo provocó por medio de la violencia y el escarnio. Siete siglos antes, anticipando ese momento, él mismo Dios había dicho: “Puse mi rostro como un pedernal” (Isaías 50:7). Cuando fue arrestado, pidió que dejaran ir a sus amigos. Cuando lo juzgaron, mientras sus jueces lo infamaban, permaneció imperturbable. En el suplicio, en vez de lamentar su infortunio, siguió siendo el Benefactor de todos. Intercedió por quienes lo crucificaban, prometió el paraíso al malhechor arrepentido, y proveyó un hogar para su madre. Solo entonces entregó el espíritu a su Padre.

Jesús vivió por encima de burlas y lisonjas. Fue el mismo cuando la gente exigió su muerte que cuando lo llamaron Hijo de David. En la cruz se comportó igual que cuando andaba anunciando el reino de los cielos. Nada es más espantoso que enfrentar a los demonios. Jesús los enfrentó y los venció con la unción de su Espíritu, el poder de su Palabra, la consistencia de su templanza.

Jesús, un Hombre de una pieza, como su manto sin costura. Un rostro de nardo, pero también de pedernal. ¿Quién sería capaz de morir esparciendo bendiciones, aferrado a los clavos que desgarran sus manos y sus pies? Solo Jesús, el Dechado de virtud.

Hoy, cuando el mundo se diluye en la sensualidad y se envilece en la rapacidad, permanezcamos firmes sobre la plataforma de los más elevados principios, afianzados en la templanza y sostenidos por el Espíritu de Cristo.

El autor es redactor de El Centinela.

La templanza

por Alfredo Campechano
  
Tomado de El Centinela®
de Junio 2021