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Carlos y su familia llevaban varios años viviendo en una zona de inviernos fríos, intensos y prolongados. Pasaban mucho tiempo en familia, ya que vivían un poco lejos de la localidad más cercana. Después de las clases, los niños se quedaban en casa hasta el día siguiente. Y esa realidad, que podría ser vista como una bendición (y lo es), para Carlos y su familia llegó a ser causa de estrés significativo en sus relaciones. ¿Qué podrían hacer para reducir la tensión?

En los últimos meses, muchos padres han tenido que trabajar desde sus casas mientras sus hijos también estudian allí. En este caso, los espacios se achican, y casi no hay momentos de silencio. Los maestros tienen que enseñar, también desde sus hogares, a un buen grupo de estudiantes, en ocasiones más que a la clase que antes les correspondía, porque están supliendo a colegas enfermos. Y cada uno de esos estudiantes requiere atención especial en ciertos momentos, mientras que sus propios hijos, de diferentes grados, también necesitan la ayuda de sus padres/maestros. Y si la casa es pequeña, la tensión aumenta.

Los momentos de tensión y estrés en familia son comunes, trátese de familias de esperanza y fe o no. Las que no tienen una relación con Dios sufren más estrés aun. En estos días, además de los estresores típicos de la vida, se han agregado los de la emergencia sanitaria que ya ha durado tantos meses. ¿Qué podemos hacer en casos como estos para que nuestra familia pueda disfrutar de unidad?

Organización

La permanencia indefinida y forzosa en el hogar lleva a que un buen grupo de familias se sienten desbordadas por el exceso de tareas. De manera brusca, aparecen cambios organizativos que implican la multiplicación de algunas tareas, la inclusión de otras nuevas, y la atención simultánea a diferentes obligaciones en la familia y en el hogar. La escasez de tiempo y las dificultades de concentración son frecuentes ante el desbordamiento provocado por el teletrabajo de uno o varios miembros de la familia (a veces con un solo dispositivo electrónico en el hogar), el cuidado de los hijos, la realización de las tareas escolares, la limpieza del hogar, la preparación de comidas, y mucho más. El uso de los espacios se convierte en otro desafío de adaptación, ya que han visto sus comedores y cocinas convertirse en despachos y aulas escolares improvisados.

Por ello, es importante planificar la distribución de tareas: saber cuáles haremos juntos, qué descansos nos tomaremos, y ser realistas, es decir, reconocer nuestros límites. Es mejor reducir la cantidad de reglas, pero hacer cumplir las que se consideren necesarias.

También es útil el mejoramiento de la comunicación, algo que depende de la edad de los hijos. “Según su edad, un exceso de comunicación puede no ser positivo si no tienen capacidad de asimilar tanta información”.1

Jovialidad

Podemos transformar el tiempo estresante de estar juntos en una oportunidad para disfrutar en familia. Recientemente, un amigo cercano me decía: “Gracias a que ahora trabajo desde casa, tengo el privilegio de ver crecer a mis hijos. Podemos aprovechar esos momentos convirtiéndolos en ocasiones placenteras”.

Los miembros de la familia escuchan mejor cuando se habla en forma jovial, especialmente cuando hay hijos adolescentes. Tomen tiempo para realizar actividades juntos, y que las mismas sean de agrado para todos. Puede llegar a ser complicado encontrar actividades que gusten a todos, así que pida a cada miembro de su familia que haga una lista de las actividades que le gustaría hacer con ustedes. Transfiera cada una de las sugerencias a una tarjeta, mézclelas, y cuando haya oportunidad de realizar algo juntos, pida a un miembro de su familia que saque una tarjeta de la canasta (sin verla). Realicen juntos la actividad allí indicada, luego eliminen la trajeta. Al completar las tarjetas, solicite nuevamente que cada uno haga su nueva lista y sigan el mismo proceso.

Fe y esperanza

¿Qué es la esperanza? Una de las definiciones que me parece atinada dice que es la confianza que se tiene de lograr algo a pesar de lo difícil de las circunstancias.

Hace tiempo vi un cuadro de una vieja cabaña en las montañas que había sido destruida por el fuego. Lo único que quedaba en pie era la chimenea entre los escombros carbonizados de lo que había sido la única posesión familiar. Frente a ese hogar destruido se hallaba un anciano con cara de abuelo, vestido solo en ropa interior, y junto a él un muchachito que se aferraba a un abrigo remendado y lloraba. Debajo de la fotografía estaban estas palabras que, según el artista, el anciano le dirigía al niño. “¡Tranquilo, niño, Dios no está muerto!”. ¡Cuánta teología y filosofía de vida hay en esas pocas palabras!

Esa vívida representación en la que se destacan las palabras “Dios no está muerto” llega una y otra vez a mi mente. En lugar de ser un recordatorio de la desesperación, se han convertido en un recordatorio de esperanza.

Las Escrituras nos recuerdan: “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad” (Salmo 46:1, NTV).2

El término esperanza viene de la palabra esperar. David escribió: “¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios!” (Salmo 42:11, NTV).

Necesitamos recordar que hay esperanza en este mundo. En medio de todos los problemas y fracasos de la vida necesitamos recordar que mientras Dios esté vivo y controlando este mundo, no todo está perdido. La tormenta puede ser intensa, espantosa y prolongada, pero pasará. Dios no permitirá que dure más de lo que él sabe que podemos resistir. él controla el universo y cada detalle de nuestra vida. Confiemos en él, y veremos que la dificultad por la cual estamos pasando, pronto, muy pronto, será un hecho del pasado que nos permitió aprender y salir adelante más resilientes.

1. Jaime Echagüe, “Tensiones familiares ante el coronavirus”, La Razon, 11 abril 2020, en https://www.larazon.es/madrid/20200411/r6wz452e6fbc5bvp7w3qeywhcy.html.

2. Las citas bíblicas fueron tomadas de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.

El autor es doctor en Teología y consejero matrimonial. Escribe desde Orlando, Florida.

Cómo tener una familia unida en tiempos difíciles

por Jorge Mayer
  
Tomado de El Centinela®
de Marzo 2021