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La historia registra con asombro la grandeza del Imperio Egipcio, la magnificencia de Babilonia y la opulencia de Roma. Cuando Egipto estaba en su apogeo, el pueblo de Israel comenzaba a formarse. Egipto construía palacios y monumentos, e Israel escribía un libro. Cuando Israel salió de Egipto liberado por Dios, lo único que llevaba eran las primeras páginas de ese libro.

Siglos después, mientras Babilonia gobernaba en Oriente Medio y cultivaba jardines en rascacielos, Israel lloraba su cautiverio a orillas del río Éufrates. Cuando Dios lo sacó de ahí luego de setenta años de cautividad, Israel solo llevaba ese libro, aún inconcluso. En los albores de nuestra era, Roma dominaba el mundo. Bajo la amenaza de la espada imperial, los cristianos siguieron escribiendo el Libro.

Hoy, de aquellos imperios que sojuzgaron a Israel y crucificaron a Cristo, solo quedan ruinas donde el viento aúlla y el polvo se amontona, como endechando la gloria que jamás volverá. Pero el libro que los fieles de Israel escribieron, cuyos principios crearon la civilización occidental, permanece cual imponente faro, derramando su luz sobre las conciencias. Ese libro es la Biblia.

De la gloria de este libro, Juan Donoso Cortés disertó con elocuencia: “Libro prodigioso aquél, señores, en que el género humano comenzó a leer treinta y tres siglos ha, y con leer en él todos los días, todas las noches y todas las horas, aún no ha acabado su lectura. . . Libro prodigioso aquél, que lo ve todo y que lo sabe todo; que sabe los pensamientos que se levantan en el corazón del hombre y los que están presentes en la mente de Dios. . . Libro en fin, señores, que, cuando los cielos se replieguen sobre sí mismos como un abanico gigantesco, y cuando la tierra padezca desmayos, y el sol recoja su luz y se apaguen las estrellas, permanecerá él solo con Dios, porque es su eterna palabra resonando eternamente en las alturas”.*

Este Libro espera que lo leamos, para transformarnos el alma. Si desde el primer dia de enero leemos tres capítulos diarios y cinco los sábados, cuando llegue el 31 de diciembre habremos nutrido nuestros corazones con la lectura de la Biblia completa en un año.

El autor es redactor de El Centinela.

La Biblia

por Alfredo Campechano
  
Tomado de El Centinela®
de Enero 2023