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El paso de otro año produce diversas reacciones según la persona. Para algunos es motivo de alegría y expectación. Quizás esperan el cumplimiento de un sueño, la terminación de una carrera, el matrimonio, un viaje anhelado. Otros perciben el año nuevo como el tic tac de un reloj amenazante que los acerca al fin de todo.

El paso del tiempo es uno de los procesos más intrigantes de la existencia humana. En general, el tiempo es algo que escapa a las definiciones humanas. Por ser intangible, siempre se mide en base a procesos observables. Un año es el tiempo que le toma a la Tierra describir su órbita completa alrededor del Sol. Un mes es el período que le toma a la Luna describir su órbita alrededor de la Tierra; un día es el tiempo que le toma a nuestro planeta efectuar un giro completo sobre su propio eje. Incluso los segundos se miden actualmente en base a las vibraciones del cuarzo, o las fluctuaciones de un átomo.

Para nosotros, el tiempo es el tejido de la vida, enmarcado por nuestro nacimiento a un extremo y la muerte al otro. Mientras vamos pasando las etapas de la vida, percibimos el tiempo de manera cambiante. Cuando pequeños o adolescentes, el tiempo puede parecernos largo; de adultos y ancianos, cada vez se hace más corto.

Hay un versículo de la Biblia especialmente apropiado en una meditación de Año Nuevo. Hablando de los planes de Dios, el sabio Salomón escribió: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11).

La primera parte nos dice que Dios hace cosas hermosas “en su tiempo”. El resultado final de todo lo que él hace es hermoso. No siempre captamos esa hermosura dentro de nuestra experiencia limitada, pero su promesa permanece. Para algunos, toda la vida resulta ser una espera por algo bueno, algo hermoso. Siempre aguardamos algo mejor. Nos sentimos insatisfechos, porque dentro de nosotros entendemos que lo más valioso no son las posesiones, ni la fama, ni la apariencia, sino el tiempo mismo, la oportunidad de aprender, de desarrollarnos, de enriquecer nuestras relaciones.

¿De qué valen las mayores riquezas del mundo para el enfermo en el lecho de muerte? ¿De qué valen los logros pasados para aquel que encuentra que la vida se le escapa de las manos llevándose sus sueños para siempre?

La existencia humana está regida por el tiempo. Dios no solo es eterno por naturaleza, sino que desea que nosotros también tengamos acceso a una existencia como la suya. Por eso ha colocado en nosotros la “sed de eternidad”. Este anhelo es el clamor más profundo y universal de la raza humana. Pero una eternidad sin esperanza de algo mejor es poco más que un infierno. Dios provee tanto la vida eterna como el gozo y las bendiciones que nos permitirán disfrutarla. Él está preparando para nosotros algo hermoso, “en su tiempo”.

Basado en el pensamiento expresado en el texto de Eclesiastés, le propongo las siguientes ideas para analizar a comienzo de año.

  1. Para que este nuevo año sea verdaderamente positivo, debemos recordar que Dios hace “todo hermoso”. Aprendamos a percibir lo hermoso en nuestra experiencia cotidiana: en nuestras conexiones, nuestras oportunidades, el amor que podemos alimentar y disfrutar.
  2. Dios tiene una perspectiva diferente de las cosas. Hemos de captar sus designios “en su tiempo”. Una de las grandes virtudes del cristiano es la capacidad de esperar. En una sociedad acostumbrada a lo instantáneo, la fe nos anima a confiar calmadamente en la bondad de Dios.
  3. Recordemos que aún falta lo mejor. Esta vida no es todo. Hay un destino glorioso para todo aquel que coloca su vida en las manos de Dios. Esto no es una fantasía, sino que se basa en promesas seguras. Hebreos 10:23 nos dice: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”.

Dios hará todo hermoso. “En su tiempo”, Dios envió a su Hijo Jesucristo (ver Gálatas 4:4). “En su tiempo” él intervendrá definitivamente en la historia por medio de la segunda venida de Cristo, para rescatar a aquellos que creen en él de todo corazón (ver S. Juan 14:1-3).


El autor es director de EL CENTINELA.

El paso de la vida

por Miguel A. Valdivia
  
Tomado de El Centinela®
de Enero 2013