Cada 10 de junio el mundo recuerda el Día Internacional del Diálogo entre las Civilizaciones. No es una fecha menor. En tiempos en que desde las más altas esferas del poder de algunas naciones se escuchan palabras cargadas de odio, racismo, divisionismo y violencia contra el extranjero, el diálogo vuelve a presentarse como una vocación urgente del espíritu humano. Para la fe bíblica, además, es una obediencia gozosa.

La Escritura no propone la uniformidad, sino la comunión. Desde el comienzo, la diversidad es bendición: pueblos, lenguas y culturas llamados a coexistir bajo un mismo cielo. Cuando Pablo afirma que Dios “de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres. . . para que busquen a Dios” (Hechos 17:26, 27), está afirmando una verdad radical: la pluralidad no es un accidente de la historia, sino parte del designio divino. Dialogar, entonces, no es relativizar la verdad, sino honrar la dignidad del otro como portador de la imagen de Dios.

Jesús mismo encarnó esta ética del encuentro. Habló con samaritanos, romanos, mujeres, pecadores y extranjeros. Nunca negoció la verdad, pero jamás negó la mesa. Su palabra fue firme y su corazón hospitalario. “Bienaventurados los pacificadores” (S. Mateo 5:9) no describe a los tibios, sino a quienes, con valentía humilde, tienden puentes donde otros levantan muros.

El diálogo auténtico no nace del miedo a discrepar, sino de la confianza en que la verdad no necesita gritar para ser verdad. “El que tarda en airarse es grande de entendimiento” (Proverbios 14:29). Escuchar es un acto espiritual: requiere dominio propio, amor al prójimo y una profunda seguridad en Dios.

En la visión final de la Biblia no hay una civilización que anule a las demás, sino “una gran multitud. . . de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunidas en adoración (Apocalipsis 7:9). El futuro de Dios es coral, no monocorde.

Recordemos que el diálogo no es una concesión cultural, sino una práctica del reino. Donde se dialoga con la verdad y el amor, Dios obra reconciliación. Hoy más que nunca, esta es una buena noticia.

El autor es el director de El Centinela.

Editorial: El diálogo que honra a Dios

por Ricardo Bentancur
  
Tomado de El Centinela®
de Junio 2026