¿Te gustaría que Jesús hiciera un milagro en tu vida? Si hoy pudieras mirarlo a los ojos y hablar con él cara a cara, ¿qué le pedirías con todo tu corazón?
En momentos de crisis, angustia y desesperación, muchos se preguntan: ¿Dónde está Jesús cuando más lo necesito? En realidad, la pregunta correcta debería ser: ¿Dónde estoy yo cuando Jesús más quiere ayudarme?
Jesús nunca ha dejado de obrar. Él sigue llamando, sanando, levantando y transformando corazones. Sus milagros no son historias del pasado: son promesas vivas para todos los que creen y confían en él.
Al leer y meditar en este mensaje, abre tu corazón. Jesús quiere hablarte hoy, personalmente, justo allí donde más lo necesitas, trayendo esperanza, paz y renovación a tu vida.
Terapia bíblica para el alma: “Si Jesús lo hizo antes, ¿por qué no podría hacerlo hoy?”
Si Jesús sanó a muchos leprosos, ¿por qué no podría sanar también las heridas de tu corazón y los recuerdos que no te dejan vivir en paz? (Lee S. Mateo 8:2, 3).
Si Jesús sanó a un paralítico, ¿por qué no podría restaurar lo que está quebrado en tu vida? (Lee S. Lucas 5:17-26).
Si Jesús fue capaz de dar vista a los ciegos, ¿por qué no podría darte sabiduría para tomar mejores decisiones y fuerza para superar esa crisis que estás enfrentando? (Lee S. Marcos 10:45-52).
Si Jesús expulsó demonios, ¿por qué no podría liberarte de todo lo que te atormenta y te roba la paz cada día: la angustia, el miedo, el resentimiento, la culpa o esos pensamientos perturbadores? (Lee S. Marcos 9:14-29; S. Lucas 6:17-19).
Si Jesús hizo caminar a los cojos, ¿por qué no podría levantarte de tus fracasos y guiarte hacia un futuro mejor? (Lee S. Mateo 15:30, 31).
Si Jesús puso su mano sobre una mujer que estuvo enferma durante dieciocho años y le dijo: “Eres libre de tu enfermedad”, ¿por qué no podría liberarte de tus malos hábitos o de algún vicio oculto? (Lee S. Lucas 13:10-13).
Si Jesús transformó la vida y el carácter explosivo del apóstol Juan, llamado “hijo del trueno”, ¿por qué no podría ayudarte a corregir tus defectos de carácter y hacer de ti una persona más íntegra y madura? (Lee S. Marcos 3:14-19; Hechos 4:13-35).
Si Jesús le dijo a una mujer pecadora como María Magdalena, “Tus pecados te son perdonados”, ¿por qué no podría limpiar también tu mente, perdonarte y llenar tu corazón de paz? (Lee S. Lucas 7:36-50).
Si de Jesús salió poder cuando una mujer tocó su manto y fue sanada, ¿por qué no podría romper hoy las ataduras que te esclavizan y limitan tu potencial? (Lee S. Lucas 8:43-48).
Si Jesús resucitó a Lázaro después de estar muerto durante cuatro días, ¿por qué no podría resucitar tus sueños rotos o tu matrimonio al borde del fracaso? (Lee S. Juan 11:1-45).
Si Jesús alimentó a más de cinco mil personas multiplicando cinco panes y dos peces, ¿por qué no podría suplir hoy aquello que realmente necesitas? (Lee S. Mateo 14:14-21).
Si Jesús sanó al siervo de un centurión que estaba a punto de morir, ¿por qué no podría sanarte a ti o a ese ser querido por quien tanto oras? (Lee S. Lucas 7:1-10).
Si Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín y a la hija de Jairo, ¿por qué no podría rescatar y transformar a tu hijo, librándolo de todo lo que está destruyendo su vida? (Lee S. Lucas 7:11-16; S. Marcos 5:21-43).
Si Jesús calmó una terrible tempestad en el mar, ¿por qué no podría calmar tu propia tempestad interior? (Lee S. Mateo 14:23-33).
Si Jesús hizo muchos milagros, ¿por qué no podría hacer uno más en tu vida? (Lee S. Mateo 15:29-31; S. Marcos 6:5, 6).
Conclusión
Jesús no ha cambiado. El mismo que en el pasado sanó, restauró, perdonó y dio esperanza, hoy continúa obrando con el mismo poder y amor. El mayor milagro no consiste solo en recibir una respuesta o una sanidad, sino en rendir a Cristo cada área de tu vida y permitirle transformarlo todo desde el interior. Hoy puede ser el día de tu milagro si decides confiar, creer y entregarte sin reservas a Jesús. Porque el mayor milagro es entregar tu vida a él.
Jesús sigue haciendo milagros
Jesús es la respuesta y el milagro que tú necesitas. Humíllate delante de él, confiesa tus pecados y búscalo de todo corazón (Jeremías 29:11-13; Hechos 8:36-38).
Jesús dio su vida por ti y es el único camino a la salvación. Acéptalo como tu Salvador y sigue fielmente todas sus enseñanzas (S. Juan 14:6-8; S. Juan 17:3; S. Mateo 7:21-27).
Jesús está intercediendo por ti y pronto regresará a buscarte. Prepárate, porque él viene en gloria y quiere llevarte a ti y a todos los redimidos al hogar celestial (S. Juan 14:1-3; S. Marcos 16:16; Hechos 3:19).
Esteban Griguol es profesor en Educación Religiosa en la Universidad Adventista del Plata y tiene una maestría en Salud Pública. Escribe desde Atlanta, Georgia.