Cada 8 de marzo el mundo detiene su marcha para mirar la historia y el rostro de la mujer. Pero no basta con flores ni discursos; es preciso reconocer su dignidad originaria, que no nace de un decreto humano sino del mismo soplo de Dios. “Y creó Dios al [ser humano] a su imagen. . . varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). En la mujer resplandece una dimensión divina de la vida: la ternura que edifica, la sabiduría que guarda, la fe que sostiene cuando todo se desmorona.

Desde los albores bíblicos, las mujeres han sido portadoras de revelación y esperanza. Sara creyó contra toda evidencia; Débora juzgó con rectitud; Rut amó con fidelidad; María de Nazaret encarnó la obediencia perfecta al misterio. En cada una de ellas la humanidad ha vislumbrado el rostro de un Dios que no excluye, sino que confía. Jesús mismo, en su trato con las mujeres, rompió los paradigmas de su tiempo: habló con la samaritana, defendió a la adúltera, sanó a la hemorroísa, y confió a María Magdalena la primera proclamación de su resurrección. En él se revela que la fe no tiene género y que el discipulado se mide en amor, no en jerarquías.

El Día Internacional de la Mujer no es solo una fecha civil, sino también una oportunidad espiritual para restaurar la mirada de Dios sobre la humanidad femenina. La sociedad moderna, presa aún de estructuras patriarcales o de discursos utilitaristas, olvida que la grandeza de la mujer no radica en competir con el hombre, sino en complementarlo con sensibilidad. “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme al Señor, esa será alabada” (Proverbios 31:30).

Somos llamados a honrar, proteger y elevar a toda mujer: madre, hija, esposa, trabajadora, pastora, pensadora, sierva. Cada una es un reflejo del amor de Cristo, que ennoblece lo humilde y corona con gloria lo frágil. Que este 8 de marzo no sea solo una conmemoración, sino una renovación del compromiso divino de ver en cada mujer una epifanía del reino que viene.

El autor es el editor de la revista El Centinela y escribe desde Boise, Idaho.

Editorial: El resplandor de la mujer en el plan de Dios

por Ricardo Bentancur
  
Tomado de El Centinela®
de Marzo 2026