Años atrás, las mujeres enfrentaban grandes limitaciones; una de ellas era no poder asistir a las aulas de clase. No obstante, debido a la insistencia de tantas mujeres que deseaban estudiar, en Harvard se creó un programa no oficial llamado “anexo de Harvard”, que ofrecía formación académica para las damas mediante clases particulares con profesores titulares.

En 1890, Mary Whiton Calkins obtuvo autorización para asistir gratuitamente durante un año a los seminarios de William James sobre la Psicología fisiológica. Sus compañeros, todos varones, protestaron, dejando de asistir a las clases por la presencia de una mujer. Este hecho le dio una oportunidad que Mary aprovechó con tenacidad, hasta convertirse en 1905 en la primera mujer presidenta de la Asociación Americana de Psicología (APA). Como ella, muchas mujeres han luchado por demostrar que son igual de importantes e intelectualmente comparables con los hombres.1

Hace 117 años ocurrió un evento que marcó el papel de la mujer en la sociedad. El 8 de marzo de 1908, 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, en Nueva York, mientras protestaban por sus derechos laborales. Exigían una jornada de diez horas diarias y un aumento salarial similar al de los hombres. El dueño cerró las puertas del edificio para obligarlas a desistir, pero el fuego desatado provocó la muerte de las trabajadoras, que quedaron atrapadas adentro. A pesar de perder la vida, estas mujeres demostraron que ser mujer sí importa. No se permitieron ser menospreciadas ni pisoteadas. En 1977, la Asamblea General de la ONU designó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.2

A lo largo de la historia las mujeres han luchado por sus derechos, enfrentando grandes tormentas. Algunas incluso entregaron su vida para que hoy se goce de libertad y reconocimiento de los derechos de la mujer. Hay una lista extensa de mujeres que, con su liderazgo y tenacidad, lograron ser un ejemplo para imitar; mujeres que se atrevieron a ser diferentes, mostrando su talento, capacidad e inteligencia para asumir un papel importante en la sociedad; mujeres que hicieron historia y lograron demostrar al mundo entero que ser mujer sí importa y que no hay límites que impidan lograr lo que se desea. Todas las incansables luchas por la igualdad de los derechos de la mujer han sido positivas y han impulsado a las mujeres a trabajar para conquistar sus metas y sueños, sin importar los desafíos y los obstáculos que se encuentren en el camino.

En la Biblia también encontramos grandes mujeres que nos impulsan a creer que ser mujer sí importa. En el capítulo 4 del libro de Jueces se relata una historia fascinante: “Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba a sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (vers. 4, 5). Débora, quien gobernaba Israel, era profetisa y estaba casada. Ella era una mujer con grandes responsabilidades y cumplía un papel muy importante en la sociedad, pues Dios la había escogido para liderar y liberar a su pueblo.

Hace aproximadamente 180 años, Dios llamó a otra mujer, Elena G. de White, para que cumpliese con una misión muy importante: exaltar el nombre de Jesús y las verdades bíblicas. Para Dios, ser mujer sí importa. A través de sus escritos, Elena G. de White exhorta a las mujeres a no ser simplemente seres pasivos, ya que Dios les otorgó grandes capacidades y habilidades para alcanzar los propósitos más elevados de su existencia. En este sentido, la escritora anima a todas las mujeres a ser activas, cultivando su intelecto y desarrollando sus dones otorgados por Dios para hacer el bien.

Ella escribió: “¿Por qué las mujeres no cultivan su intelecto? ¿Por qué no habrán de aceptar el propósito de Dios para su existencia? ¿Por qué no habrán de reconocer la potencialidad de sus propios poderes dados por Dios y esforzarse por desarrollarlos al máximo para hacer bien a otros?” (Hijas de Dios, p. 160). Elena G. de White subraya el gran valor de la mujer otorgado por Dios y su importancia en la sociedad, la iglesia, el trabajo y el hogar.

Las mujeres han revolucionado el mundo de manera extraordinaria. Tienen un potencial para ser exitosas en todo lo que se propongan. Desde la Creación, Dios dejó claro que ser mujer sí importa, pues la creó a su imagen y semejanza, y le otorgó responsabilidades compartidas con el hombre. Génesis 1:27 y 28 dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Las mujeres del siglo XXI asumen diversos papeles en la sociedad, como si tuvieran varias capas de superhéroes que las distinguen en sus múltiples y variadas labores. Cualquiera que elijan utilizar mostrará claramente que ser mujer sí importa.

Hoy más que nunca se debe reconocer y celebrar la labor invaluable que cada mujer realiza. Las mujeres son portadoras de sueños, esperanzas y anhelos, que van de la mano con el reflejo del amor, la perseverancia y la pasión que llevan en su ser. El extraordinario potencial y la inquebrantable tenacidad de las mujeres se ven reflejados en todos los ámbitos de la sociedad. El mundo cuenta con mujeres capacitadas para enfrentar grandes desafíos, mujeres que inspiran, marcan la diferencia y cumplen con el propósito de Dios, porque ser mujer sí importa.

Las “facetas” de una mujer

  • Sierva de Dios: “Las mujeres pueden tener una influencia transformadora si solo están dispuestas a rendir sus caminos y su voluntad a Dios, y dejar que él controle sus mentes, afectos y ser” (Elena G. de White, Testimonios para la Iglesia, t. 2, p. 413).
  • Esposa: Como esposa, la mujer debe ser una buena compañía que impulse a su esposo a ser cada día mejor.
  • Madre: “Puede muy bien decirse que los deberes distintivos de la mujer son más sagrados y más santos que los del hombre. Comprenda ella el carácter sagrado de su obra y con la fuerza y el temor de Dios, emprenda su misión en la vida. Eduque a sus hijos para que sean útiles en este mundo y obtengan un hogar en el mundo mejor” (Elena G. de White, El hogar cristiano, p. 206).
  • Estudiante: No hay un límite de edad para prepararse intelectualmente. Al estudiar, la mujer adquiere grandes conocimientos, a fin de aportarlos positivamente al entorno en el cual se desarrolla.
  • Profesional: Este es un papel que hoy muchas mujeres cumplen con esmero en la sociedad, donde aportan de manera activa sus conocimientos y talentos para el beneficio de otros. Las mujeres están capacitadas para salir de casa y ser grandes profesionales y líderes de una sociedad.

1. American Psychological Association, “Mary Whiton Calkins, 1905 APA president”. Disponible en https://www.apa.org/about/governance/president/bio-mary-whiton-calkins; Psychology’s Feminist Voices, “Mary Whiton Calkins”. Disponible en https://feministvoices.com/profiles/mary-whiton-calkins

2. La Nación, “Día de la Mujer: la trágica historia que dio inicio a esta conmemoración”. Disponible en https://www.lanacion.com.ar/sociedad/dia-de-la-mujer-la-tragica-historia-que-dio-inicio-a-esta-conmemoracion-nid08032024/.

María Luna es psicóloga y maestra.

Ser mujer, sí importa

por María Luna
  
Tomado de El Centinela®
de Marzo 2025