En el mes del amor, cuando las redes se llenan de flores, promesas y fotografías con filtros rosados, es fácil idealizar las relaciones de pareja como historias perfectas. Pero la verdad más transformadora y liberadora del amor no se encuentra en la perfección, sino en la aceptación de nuestras heridas y de las del otro. Amar también es sanar, y sanar es aprender a amar bien.
Detrás de cada pareja feliz, probablemente hay una historia con cicatrices. No todos los “rotos” encuentran a su “descosido” fácilmente, y muchas veces ni siquiera saben que están rotos. . . hasta que alguien intenta amarlos de verdad.
¿Se atraen los polos emocionales?
Un dicho popular afirma que “los polos opuestos se atraen”. Y aunque puede haber algo de cierto en términos de personalidad o temperamento, en el terreno emocional sucede lo contrario: los polos similares se atraen. Casi inconscientemente, nos sentimos atraídos por personas que están en un nivel emocional similar al nuestro. Esto no depende de títulos académicos, del aspecto físico, la edad o el estatus económico, sino de cuánto hemos sanado, o no, nuestras heridas.
Una persona emocionalmente saludable tenderá a sentirse atraída por otra saludable. Y lo mismo ocurre en sentido contrario: las personas heridas, especialmente quienes han experimentado traumas o carencias emocionales, suelen sentirse atraídas entre sí.
El molde relacional: nuestra historia familiar
Nuestra infancia dejó huellas más profundas de lo que solemos reconocer. En casa aprendimos, a veces sin palabra alguna, qué esperar del amor, cómo reaccionar ante la cercanía, cómo manejar la frustración o qué significa sentirse visto y valorado. Nuestros padres, de manera intencional o no, moldearon nuestras expectativas afectivas. Lo hicieron con su mirada, su ausencia o presencia, su tono de voz y, sobre todo, con la forma en que se trataron entre ellos y nos trataron a nosotros. Sin saberlo, nos entrenaron para elegir cierto tipo de pareja, y a reaccionar de determinada manera cuando el amor duele.
Cuando un roto se casa con una descosida
Cuando Carolann y yo nos conocimos teníamos 25 años. Ambos teníamos estudios universitarios, proyectos de vida y un buen corazón. Sin embargo, no nos dimos cuenta de que traíamos historias emocionales no resueltas que no se notaron durante nuestro noviazgo a distancia, pero que se desataron una vez que dimos el “sí”.
No veníamos de hogares visiblemente disfuncionales, pero, aunque tuvimos padres presentes físicamente, existió ausencia emocional. No supimos hasta después cuánta hambre de amor, aceptación y afirmación cargábamos, y cómo esa hambre nos llevaría a exigir del otro lo que no podía dar. Así, dos adultos heridos nos encontramos intentando construir una vida juntos sin haber sanado emocionalmente. Rápidamente nos dimos cuenta que el amor no es suficiente sin la sanación.
Corazones en guerra
No todas las heridas duelen de manera visible. Algunas se camuflan en reacciones automáticas, discusiones constantes, incapacidad para confiar o en el miedo al abandono. La amargura, como una espada de dos filos, hiere tanto al que la porta como a quien la recibe. Y cuando la vida en pareja está teñida de resentimiento, no hay flor de San Valentín que pueda cambiar la atmósfera.
En uno de nuestros seminarios matrimoniales conocimos a Marta. Nos confesó que no se casó por amor, sino por venganza, después de que su prometido la traicionara con su mejor amiga. Aceptó volver con él solo para hacerlo sufrir.
—Me doy cuenta de que mi amargura ha destruido más a mi familia que a él —nos dijo con lágrimas en los ojos.
Las personas heridas hieren. . . pero también pueden sanar
A veces nos atraen personas heridas no solo por la identificación emocional, sino porque deseamos sanar ayudando a sanar al otro. Pero si ninguno de los dos ha sanado, el resultado puede ser una relación de dependencia, frustración o dolor continuo. Es como si dos vasos vacíos intentaran llenarse uno al otro sin nada que ofrecer.
Pero también hay esperanza. La sanación emocional es posible. Requiere valentía, honestidad y, muchas veces, la humildad de reconocer que no todo se resuelve con fuerza de voluntad, sino con amor, fe y, en muchos casos, ayuda profesional.
Un nuevo amanecer: amor y adopción emocional
Jesús se acercó a personas rotas, marginadas, incomprendidas. No les ofreció una religión más, sino una nueva familia, una identidad y, sobre todo, un lugar donde ser amados sin condiciones. Carolann y yo encontramos en Cristo una experiencia de adopción emocional que transformó nuestro matrimonio. Ya no se trataba solo de lo que esperábamos del otro, sino de lo que Dios podía hacer en nosotros. Ya no éramos dos seres reclamando cariño, sino dos hijos restaurados aprendiendo a amar desde la plenitud.
San Valentín es una buena ocasión para regalar flores o chocolates. Pero más allá de eso, puede ser una oportunidad para preguntarnos: ¿Desde dónde estamos amando? ¿Desde la plenitud o desde la necesidad? ¿Desde la sanación o desde la herida?
El Jordán: en búsqueda de la identidad*
Jesús buscó la sanidad en la oración. En cada oración, Cristo revela su estado de ánimo, sus emociones. En ocasión de su bautismo, Jesús oró (ver S. Lucas 3:21). Aunque no se registran sus palabras, sabemos que pidió al Padre una respuesta: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (S. Marcos 1:11). Jesús buscó la reafirmación de su identidad.
Así, todo comienza en el Jordán. Un río como tantos, donde multitudes venían a confesar sus pecados y buscar un nuevo comienzo. Jesús no apareció allí como juez ni como héroe, sino como uno más entre los quebrantados. Se acercó a Juan no para pontificar, sino para participar; no para enseñar, sino para humillarse.
En una cultura donde el linaje lo era todo, Jesús cargaba con el estigma de una identidad cuestionada: “el hijo del carpintero”, “el hijo de María”, “¿no es este?” (S. Mateo 13:55). Su historia está acechada de rumores; su nacimiento, de dudas; su pasado, de anonimato. Aun así, se presenta ante todos: sin esconderse, sin defenderse.
Lo que ocurre en ese instante nos abre a un camino de enseñanzas: el cielo se abre, se escucha la voz del Padre y el Espíritu desciende como paloma. El bautismo de Jesús es una invitación a que retornes a tu propio Jordán. Reconoce las heridas que dañan tu identidad. Ríndete al proceso redentor, aunque no lo entiendas todo. Permite que la voz del Padre sea la que defina quién eres. Experimenta la ternura del Espíritu como consuelo y poder. Y finalmente, sal del agua con un propósito, con la certeza de que la sanidad interior te prepara para caminar con firmeza hacia tu propio destino.
Los cinco pasos para reflexionar acerca de la primera oración de Jesús te llevarán de la herida a la reafirmación, del temor a la obediencia, del silencio interior a la certeza espiritual:
- Reconoce tus heridas: Trae a la luz lo que marcó tu autopercepción.
- Entrégate al proceso redentor: Entra por fe en el camino de la restauración.
- Experimenta el Espíritu Santo: Siente la presencia que consuela y empodera.
- Acepta la reafirmación divina: Permite que la voz de Dios diga quién eres.
- Muévete hacia la sanidad: Asume tu identidad restaurada y convierte la vida en una misión.
Tu jornada espiritual no empieza con perfección, sino con honestidad; no con reconocimiento público, sino con una voz en lo íntimo que cambia todo: “Tú eres mi hijo amado”.
* Extraído del libro Restauración emocional mediante la oración, de Ricardo Bentancur.
Datos que sanan
- El 70 % de los adultos que buscan terapia de pareja afirman que sus conflictos tienen raíces en su infancia (American Psychological Association).
- Las emociones negativas como el resentimiento y la amargura pueden aumentar la producción de cortisol y adrenalina, generando trastornos como insomnio, presión alta, problemas digestivos y envejecimiento prematuro (doctora Debi Silber, The PBT Institute).
- Las relaciones emocionalmente saludables prolongan la vida. Estudios del Harvard Study of Adult Development concluyeron que la calidad de nuestras relaciones es el predictor número uno de bienestar a largo plazo.
Reflexiones para San Valentín
- ¿Y si este San Valentín, en lugar de pedir comenzamos a sanar?
- Amar bien no es dar perfectamente, sino dar desde un corazón restaurado.
- Si el amor duele, si la relación tambalea, no siempre es señal de que debe terminar. Tal vez es señal de que hay heridas que necesitan luz y no juicio.
- Recuerda: Jesús no vino a buscar perfectos, sino rotos que están dispuestos a ser sanados.
Promesas para el alma herida
- “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
- “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (Salmo 147:3).
- “Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová...” (Jeremías 30:17).
Carolann es enfermera, con maestrías en Terapia Matrimonial y Familiar y en Ministerio Pastoral. César tiene un doctorado en Terapia Matrimonial y Familiar. Escriben desde Maryland. Este artículo fue adaptado de su libro Construyendo relaciones sanas, publicado por Pacific Press en 2024. Para pedir un ejemplar llame a 888-765-6955 o vaya a www.libreriaadventista.com.