En enero de 2025, una serie de incendios afectaron las áreas de Los ángeles y San Diego, en California. Fueron 14 incendios, dos de gran magnitud: el incendio de Eaton y el de Palisades. La tragedia dejó 29 muertos, decenas de desaparecidos y más de 16,000 edificios destruidos.
Tras el siniestro, las autoridades iniciaron las investigaciones correspondientes. Pero no solo ellas buscaban respuestas; las víctimas, en medio del dolor, también exigían explicaciones. Rápidamente surgieron teorías, algunas racionales, otras especulativas. Entre estas, también aparecieron interpretaciones religiosas: ¿Y si esta tragedia fuera una advertencia divina? Es común que frente a calamidades las personas busquen sentido o esperanza, intentando hallar un propósito mayor. ¿Podría esto ser una señal del fin?
“Las señales”
La palabra “señales” es habitual en el lenguaje religioso. Se mencionan hasta cien señales “bíblicos” del regreso de Cristo. “Señales de los tiempos” es una expresión clásica frente a los desastres naturales, las guerras, las epidemias o las crisis políticas. Son eventos que nos sacuden e invitan a reflexionar. Pero la conversación no es nueva. Comenzó en el Monte de los Olivos, cuando los discípulos hicieron a Jesús una pregunta crucial, registrada en tres Evangelios:
- San Lucas 21:7: “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?”.
- San Marcos 13:4: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?”.
- San Mateo 24:3: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”.
Una lectura cuidadosa revela algo importante: los discípulos no preguntaron por señales en plural, sino por una señal específica. La respuesta de Jesús en Mateo 24:4 al 13 aclara el panorama:
- Mateo 24:4: “Cuídense de que nadie los engañe” (RVC).1
- Mateo 24:6-8: “Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerras; pero no se angustien, porque es necesario que todo esto suceda; pero aún no será el fin. Porque se levantará nación contra nación. . . y habrá hambre y terremotos en distintos lugares” (RVC).
- Mateo 24:14: “Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (RVC).
Estos pasajes nos dan una respuesta clara: las catástrofes, naturales o provocadas, no son la señal del fin. Presentarlas como advertencias divinas distorsiona la imagen de Dios, haciéndolo parecer vengativo en lugar de mostrarlo como el Dios de amor y compasión que es. La verdadera señal es una sola: la predicación del evangelio en todo el mundo.
- “Dos cosas deben recordarse: primero, estos eventos no son señales del fin, sino hechos que ocurren mientras el pueblo de Dios espera el fin”.
- “Aunque Jesús mencionó persecuciones, traiciones, falta de amor. . . nada de esto es la señal del fin. La señal es la predicación del evangelio al mundo. Entonces vendrá el fin”.2
¿Y qué significa predicar el evangelio?
Predicar el evangelio no es simplemente hablar, presentar doctrinas o transmitir creencias. Es mucho más: es presentar a Cristo crucificado, su amor, compasión y gracia, traducidos en hechos reales y tangibles en favor de los necesitados. Nuestro modelo está en las palabras de Jesús en San Lucas 4:18:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos.
Frente al dolor causado por incendios, guerras, hambres y epidemias, nuestra responsabilidad es aun mayor: predicar y amar como Jesús lo hizo. Evangelizar no es solo hablar, es actuar con amor, defender la dignidad humana y ayudar al necesitado.
Como verdaderos discípulos, debemos dejar de ver las catástrofes como “agentes evangelizadores” de Dios. Nosotros somos esos agentes evangelizadores, nuestra misión no ha cambiado: ser la voz humana que anuncia su gracia y su amor, y ser las manos que muestran igualmente ese amor y esa gracia para esa gente que perece.
¿Queremos realmente que Jesús vuelva? ¡Sí! Cumplamos entonces lo que él nos encargó. Solo entonces vendrá el fin.
Reacciones comunes ante una tragedia
- Conmoción
- Ansiedad
- Ira: contra las fuerzas de la naturaleza, contra los responsables (en el caso de tragedias públicas), consigo mismo por no proteger a otros, con el gobierno por una demora percibida en su respuesta, con Dios.
- Culpa: por no poder ayudar a los seres queridos, o por haber sobrevivido.
- Dolor
Cómo ayudar
- Analiza las cosas en perspectiva; aunque el evento haya sido horrible, intenta enfocarte en las cosas buenas de la vida por las que te sientes agradecido.
- Ofrécete como voluntario en alguna agencia de ayuda.
- Ayuda a quienes han sufrido pérdidas al reconocer su situación de algún modo: envía una tarjeta o una carta, haz un minuto de silencio, etc.
- Ayuda a alguien que tenga una necesidad específica: ofrece transporte, cuidado infantil, cuidado de personas mayores, lavandería, o prepara alguna comida.
Muchas de las personas que han experimentado y sobrevivido a una tragedia pública o desastre natural, ya sea de forma directa o indirecta, dicen haber mejorado su relación con otros, su fortaleza personal incluso al sentirse vulnerables, y su autoestima, además de haber profundizado su espiritualidad y apreciación de las “pequeñas cosas de la vida”.3
1. Las citas marcadas con RVC fueron tomadas de la Santa Biblia, versión Reina Valera Contemporánea, Copyright © 2009, 2011 por Sociedades Bíblicas Unidas.
2. Lección de Escuela Sabática: Grandes profecías apocalípticas (13 de mayo 2002).
3. “Cómo sobrellevar las tragedias públicas y catástrofes naturales”, Vitas Healthcare, en https://espanol.vitas.com/family-and-caregiver-support.
Peter Simpson coordina las iglesias hispanas adventistas en el noroeste pacífico.