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He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 1 Corintios 15:51, 52.

El tema de la muerte es universal. Algunos lo perciben como el centro dinámico del orden social, la inspiración de la filosofía, el arte y las tecnologías médicas. Vende periódicos y pólizas de seguros. Nos horroriza y nos conmueve. Aunque sucede todos los días, todavía parece sorprendernos. Incluso, según la ciencia, casi todo lo que vemos unos de otros es materia muerta: la superficie de la piel, el cabello, las uñas.

Frente a la muerte, el ser humano se define. Nos obliga a buscar el sentido de la vida y el más allá. La manera en que nos referimos a ella revela lo que somos. Peter Metcalf señaló que “la vida se hace transparente contra el trasfondo de la muerte”. Nos hace pensar en lo que es realmente importante.

Uno de los impulsos centrales del ser humano es el deseo de vivir para siempre. El escritor checo, Franz Kafka, dijo: “El hombre no puede vivir sin una confianza continua en algo indestructible dentro de sí mismo”.

Este impulso se manifiesta en varios tipos de búsqueda: Algunos persiguen la inmortalidad biológica a través de su descendencia. Desean que sus hijos triunfen donde ellos fracasaron; se proyecten hacia el futuro en la persona de éstos. Otros intentan preservar su organismo por medio de la congelación, o permanecer en la memoria de la gente por medio de obras de caridad, libros, monumentos o incluso infamias. Las pirámides de Egipto y el Taj Majal de la India son impresionantes monumentos al recuerdo de los muertos. Por su parte, las galerías de la fama en los deportes, los premios y las medallas intentan consagrar los logros humanos a la posteridad. Pero si tuviésemos que escoger entre la inmortalidad simbólica y la vida eterna, todos preferiríamos vivir.

Desde hace un par de días me he dedicado a preparar mi oficina para un nuevo ocupante. Durante largas horas, primero con la ayuda de mi esposa y luego por mi cuenta, he revisado centenares de libros, documentos, carpetas y fotografías. He vaciado gavetas y descartado varias cajas de papeles y artefactos. Cada rincón, cada archivo, cada gaveta ha sido algo así como un registro arqueológico de unos 27 años de trabajo en el mismo lugar. Representan un aspecto importante de mi vida y evidencias de un tiempo ocurrido que jamás volverá.

Quiero pensar que cada uno de los recuerdos suscitados tuvo algún significado; que mi vida y la vida de otros seres humanos están conectadas con una vida superior. Creo que el trayecto que recorremos —con sus tropezones, alegrías, lágrimas y anhelos— no puede ser insignificante.

Esta esperanza proviene de la Palabra de Dios. La Biblia nos asegura que nuestra vida es trascendente; que tenemos la opción real de vivir con significado y para siempre. Cuando Jesús regrese a nuestro planeta, la muerte será un enemigo vencido. La muerte nunca pudo contra el Dador de la vida, ni tampoco podrá coexistir con él en su venida. No habrá necesidad de más monumentos, no más sed insatisfecha de eternidad.


Nuevo editor

Aprovecho esta oportunidad para rendir tributo a los fieles lectores de esta revista durante los años en que me ha tocado servir como su director. Comenzamos nuestra labor editorial en esta institución en enero de 1986, y desde 1998 he tenido el privilegio de dirigir el equipo encargado de preparar la edición mensual de EL CENTINELA. Durante estos años hemos visto cambios tecnológicos vertiginosos en la oficina, de una IBM Selectric a rápidas máquinas que nos permiten corregir artículos y diagramar en pantalla. También hemos vivido estupendos acontecimientos históricos que van desde Chernobyl, las dos guerras del Golfo Arábigo, 9/11, el maremoto del sureste asiático, la crisis económica global y la primavera árabe. Después de revisar y escribir centenares de artículos en estas páginas, he aceptado servir en la rama administrativa en las oficinas de la Iglesia Adventista en el Estado de Georgia y parte de Tennessee.

La persona seleccionada para fungir como el nuevo director de esta revista es el Dr. Ricardo Bentancur, director asociado desde 2003. El Dr. Bentancur es pastor, profesor, y ha servido como editor de revistas durante poco más de treinta años. Además de su licenciatura en Teología por la Universidad Adventista del Plata, en Entre Ríos, Argentina, obtuvo una licenciatura en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y un doctorado en la misma disciplina en la Universidad de Córdoba. Ha escrito varios libros y centenares de artículos profesionales y de fe práctica. Remito al Dr. Bentancur a las bondades de los lectores de esta revista, quienes ya lo conocen por sus escritos, y aprecian la perspectiva cristiana y bíblica de esta publicación de más de un siglo de historia.

Miguel A. Valdivia
Director de EL CENTINELA (1998-2013)

Ricardo Bentancur
Nuevo director de la revista EL CENTINELA

Vencer la muerte

por Miguel A. Valdivia
  
Tomado de El Centinela®
de Noviembre 2013
  

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