Sabías tú que formar parte de una comunidad religiosa y desarrollar tu espiritualidad son factores que pueden brindarte mejor salud física y bienestar espiritual? A continuación, mencionaremos algunas evidencias científicas que respaldan esta aserción.

En primer lugar, veamos las diferencias entre religión y espiritualidad. Ambos términos son parte de un mismo fenómeno: la necesidad natural de la criatura humana de relacionarse con su Creador para captar el sentido de su existencia.

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios (1 Corintios 6:19-20; NVI).1

Mientras la palabra religión expresa la adherencia a doctrinas y normas de vida de una determinada comunidad de fe, la espiritualidad expresa la conexión de una persona con lo divino, lo trascendente, en la búsqueda del bienestar espiritual y el desarrollo personal.2

De igual manera, la espiritualidad se concentra en tres factores esenciales: el significado y propósito de la vida, el deseo y la voluntad de vivir, y, por último, la fe en uno mismo, en los otros y en Dios.3 Estos tres factores coadyuvan para que cada ser humano le dé un mayor sentido a su vida.

Es importante enfatizar la espiritualidad en este mundo globalizado y en crisis. Según la Organización Mundial de la Salud, se han incrementado los índices de depresión en los últimos años. La depresión alcanzará el segundo lugar entre las causas de enfermedades e incapacidad en este año 2020.4

Cabe mencionar que, de acuerdo a las investigaciones, la práctica de la oración, la meditación y la contemplación de la naturaleza tienen un impacto en las funciones neurológicas que inducen a estados de relajación, placer, calma y bienestar.5 Asimismo, una religión con profunda espiritualidad constituye un apoyo o red social para los más necesitados. Y a la vez que aporta un estado de paz con uno mismo y con los demás, nutre la esperanza en el futuro.6

Harold Koenig, destacado psiquiatra e investigador de la Universidad de Duke, realizó una búsqueda de investigaciones, publicadas entre 1872 y 2010, acerca de la relación entre la religión, la espiritualidad y la salud.7 Estas fueron algunas de sus conclusiones:

Salud mental

Dentro de esta área se destacan tres elementos:

1. La religión brinda herramientas para manejar mejor el estrés. Como consecuencia del poder de la fe, disminuye el riesgo a la depresión y a la ansiedad. Una persona con creencias sólidamente arraigadas tiene más capacidad espiritual para enfrentar las crisis existenciales, pues adopta una visión optimista de la vida cuando acude a un poder superior ante el que descansa y confía. La fe le proporciona la idea de un Dios que vela, ama y cuida a su criatura.

Esta idea está expresada en la carta del apóstol Pablo a los Corintios, cuando anima a los creyentes a darle un sentido y una dirección al sufrimiento: “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8, 9). Porque “mi Dios... suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

2. La religión establece las normas de conducta que expresan cómo vivir la vida de acuerdo a la práctica de la fe, fomentan la convivencia social sana, ponen límites a las relaciones sexuales de alto riesgo físico y mental, y ayudan a superar las adicciones. También inhiben las prácticas sociales de alto riesgo, como la delincuencia.

El apóstol Pedro da algunas recomendaciones al respecto: “Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 Pedro 3:8). Es la invitación a relaciones interpersonales cordiales, motivadas por la empatía y la búsqueda del bien común.

3. La religión y la espiritualidad promueven valores humanos como el altruismo, la solidaridad, la generosidad, la tolerancia, la paciencia y el servicio a la comunidad.

Este tercer punto guarda relación con el segundo, y podríamos comentar que los valores que el investigador Harold Koenig destaca son expresiones del fruto del Espíritu: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22, 23). El desarrollo de las virtudes personales redunda en mejores relaciones con los demás.

Salud física

A causa de que la salud física está relacionada con la salud mental, y viceversa, el investigador señala que la depresión, el estrés y la ansiedad tienen una menor influencia sobre el sistema inmunitario de la persona de fe, impactan menos en la salud física del creyente que del incrédulo. Por otra parte, como la religión también fomenta las relaciones sociales positivas, y fortalece los vínculos y las redes de contención afectiva con la comunidad de fe, el religioso tiene una mayor expectativa de vida. Por último, las investigaciones mostraron que los religiosos que tienen un estilo de vida saludable, con un régimen alimentario sano, que viven libres de tabaco, alcohol y drogas, son más longevos y tienen una mejor calidad de vida.

Nuestro Creador anhela que gocemos de salud total. De acuerdo al texto con el que comenzamos este artículo, Dios espera que lo honremos “con nuestro propio cuerpo”. Todo comienza con la entrega de nuestro corazón a él. Continúa con la transformación de nuestro modo de pensar, de sentir y de vivir, gracias al poder de Cristo, y culmina en el testimonio de la salvación, que también significa salud, mediante la solidaridad y el amor al prójimo.

Entreguemos nuestro corazón a Dios para que se realice el milagro de la salud plena en todo nuestro ser, físico, mental y espiritual.

1. La cita marcada con NVI fue tomada de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.

2. H. G. Koenig, “Research on Religion, Spirituality, and Mental Health: A Review”, The Canadian Journal of Psychiatry, 2009, 54 (5), pp. 283-291.

3. L. Ross, “The spiritual dimension: its importance to patients’ health, wellbeing and quality of life and its implications for nursing practice”, International Journal of Nursing Studies, 1995, 32 (5), pp. 457-468.

4. J. Melgosa, y M. Borges, El poder de la esperanza (México, Gema Editores, 2018).

5. C. Navas, y H. Villegas, “Espiritualidad y salud”, Revista Ciencias de la Educación, (2006). 1(27), pp. 29-45.

6. J. M. Quinceno, y S. Vinaccia, “La salud en el marco de la psicología, de la religión y la espiritualidad”, Revista Diversitas-Perspectivas en Psicología, 2009, 5 (2), pp. 321-336.

7. H. G. Koenig, “Religion, Spirituality, and Health: The Research and Clinical Implications”, International Scholarly Research Network ISRN Psychiatry, 2012, pp. 1-34. doi:10.5402/2012/278730.

La autora es psicóloga y docente de la Universidad de Montemorelos, México.

ReligiĆ³n, espiritualidad y salud total

por Nayeli Alatriste
  
Tomado de El Centinela®
de Enero 2020