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Después de viajar y conversar durante horas con mis hijos mellizos, Erick y Eddy, nuestra conversación giró hacia un tema que a todo padre interesa.

—¿Qué han considerado estudiar en la universidad? —les pregunté, anticipando una respuesta certera.

—Yo pienso estudiar Odontología —dijo Eddy.

—Y tú Erick, ¿qué has decidido estudiar? —le pregunté a mi otro hijo.

—Ya le dije a mami hace mucho que quiero estudiar Teología —declaró Erick.

Aunque me hizo sentir feliz la respuesta de Erick, me llevó a hacer una introspección personal y una evaluación de mi desempeño como pastor y maestro de Teología ¿Sería posible que uno de mis hijos me había estado observando tan cuidadosamente que al fin dijera: “Yo quiero ser como papi”? Pero, ¿qué tiene que ver esto con el tema de la Trinidad? Aunque parezca extraño, pienso que la Biblia nos provee un modelo de relación e interrelación entre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que constituye un paradigma para nuestras relaciones de padres e hijos; después de todo, tenemos un mismo Dios y Padre, a cuya imagen y semejanza fuimos creados (Génesis 1:26).

Pluralidad de Dios

El Dios de la Biblia se ha revelado a nosotros en tres personas diferentes.

La Escritura afirma que hay un solo Dios verdadero (Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10; 1 Corintios 8:4; Santiago 2:19), constituido por tres personas coeternas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (S. Mateo 3:16-18; 28:18-20). Asimismo, presenta la deidad del Padre (S. Juan 6:27; Romanos 1:7; 1 Pedro 1:2), del Hijo (S. Juan 1:1-3; Hebreos 1:2; Tito 2:13, Colosenses 1:16, 17), y del Espíritu Santo (Hechos 5:3, 4; 1 Corintios 3:16).

La Trinidad en la creación

La creación fue realizada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Moisés declara “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. . . y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:1, 2). Luego presenta la conversación intradivina previa al acto creador del ser humano: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26, la cursiva ha sido añadida), resaltando así la participación activa de Dios y del Espíritu como una persona distinta de Dios Padre en la creación,1 lo que respalda la pluralidad de Dios; es decir, el Dios Creador es más de una persona. En el libro de Job leemos: “El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). Al utilizar un lenguaje similar al del relato de la creación (Génesis 1:26, 27; 2:7), el escritor de Job evidencia que, en su entendimiento, el Espíritu es Dios, pues es el Creador.2

Para los escritores del Nuevo Testamento, todo lo que existe fue creado por el Hijo. Un pasaje importante sobre el tema dice así: “En el principio era el Verbo [Logos], y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (S. Juan 1:1-3). Este texto afirma entre otras cosas que el Verbo/ Logos, el Hijo, es el Creador, es eterno, distinto al Padre y plenamente Dios.

Por inspiración divina, Juan se cuida de decir que “Dios es el Logos, es decir, él no dice que toda la Deidad es el Logos, porque Dios es más que el Logos”,3 el Dios creador de todo el universo es Dios Padre, Hijo/Logos y Espíritu Santo. San Pablo establece así la participación del Hijo en la creación del universo: “En él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16).

La Trinidad en la redención

Otra gran obra en la que el Dios trino tomó parte activa es la redención del hombre. Una vez que el hombre pecó, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo procedieron a salvarlo (S. Marcos 10:45). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (S. Juan 3:16). El ángel Gabriel dijo a la Virgen María, cuando ella mostró una comprensión limitada de la encarnación: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (S. Lucas 1:35, la cursiva ha sido añadida).

Fue mediante el Espíritu Santo como se operó el milagro de la encarnación. Luego, en el bautismo de Jesús, todo el universo presenció la más clara revelación del Dios trino en la historia y en la Biblia. El Evangelio dice: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (S. Mateo 3:16, 17). El Espíritu en forma de paloma, y la voz del Padre desde los cielos, sancionaron el bautismo del Salvador, tal como lo había profetizado Isaías al hablar del Mesías, el Siervo (véase Isaías 42:1; 48:16; 61:1; 63:8-10).

Un Dios de amor

El Dios de la Biblia, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es un Dios de amor. “Dios es amor” (1 Juan 4:8), escribió Juan. Esta declaración enseña, de forma implícita, que Dios es un ser plural; es decir, el hecho de que Dios en su naturaleza es amor, demanda la existencia de más de una persona en su seno donde se reciproca tal principio: el amor. Dios no es un ser solitario, Dios es una familia. él nos creó y nos redimió por amor. Todos hemos sido creados y “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo” (1 Pedro 1:2).

El salmista dice también: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103:13). Tenemos “un Dios y Padre de todos” (Efesios 4:6) que se interesa por nuestro bienestar en este mundo y en el venidero. Ciertamente, “ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser” (1 Juan 3:2), pues el plan de nuestro Padre celestial (S. Mateo 6:9) es grandioso. él desea que vivamos como sus hijos e hijas por la eternidad.

1. K. A. Mathews, “Genesis 1-11:26”, The New American Commentary (Nashville: Broadman & Holman Publishers, t. 1A, 1996), p. 163.

2. Enrique Báez “La unicidad y pluralidad de Dios en el A.T.”, Torah 2 (2015): 18.

3. Enrique Báez “Leyendo Proverbios 8 a la luz de Juan 1”, Torah 2 (2015): 47.

El autor es doctor en Antiguo Testamento y ministro adventista. Escribe desde Forest Grove, Oregón.

La Trinidad: una “familia” divina

por Enrique Báez
  
Tomado de El Centinela®
de Junio 2018
  

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