Te invito a que miremos juntos el perfil de un hombre en quien se manifestó la gracia divina. Descripción de perfil: Tomás el gemelo, discípulo dispuesto a morir por Jesús (S. Juan 11:16). Al mirar sus publicaciones en las redes sociales, encontraríamos más de quince historias capturadas en selfies. Entre ellas, una seóalando el camino en donde Jesús va delante, con una descripción que diría: “él también me llamó” #soysudiscípulo (S. Marcos 3:13-19). Hay otra con Jesús y los demás discípulos de fondo; y una con Jesús con rostro decidido, y los demás mirándose sin poder creer lo que pasaría. Esta tendría la descripción: “Lázaro, no te preocupes, que allá vamos, aunque muramos en el intento” #misiónposible (S. Juan 11:1-16).

Aunque estaba mostrando un gran sentido de lealtad, Tomás también proyectaba una curiosa negatividad. Pero miremos un poco más en su perfil, y ahí se halla una de las publicaciones más comentadas. Tomás aparece con cara de asombro, Jesús de fondo, frente a la tumba, y Lázaro de pie, frente a Jesús, dejando la tumba atrás, un gran número de espectadores y la descripción: “Lo hizo. Lázaro, bienvenido a la vida” - #Lázarovive #muertemuerta (Juan 11:38-44).

Nuestro hombre rebosa de sinceridad y admiración por su Maestro. No tiene miedo de preguntar cuando no sabe (S. Juan 14:1-6), pero tampoco de expresar cuando siente duda y miedo (S. Juan 20:24-29).

Aunque un tanto pesimista, Tomás poseía tal devoción por Jesús que no concebía la vida sin él. Cuando Jesús murió, Tomás enfrentó la mayor crisis de su vida. Jesús estaba muerto, y una pesada piedra cubría su tumba. Sin haber agotado el proceso inherente a toda pérdida, sus compaóeros aparecen diciendo que Jesús ha resucitado y que ellos lo han visto. Tomás reaccionó como nadie lo esperaba: No creyó. Terminó decidiendo que él mismo debía comprobarlo. No se conformaría únicamente con verlo; quería tocar sus heridas, pruebas contundentes de la muerte de su Maestro.

Es asombroso que a Tomás lo chasqueara la muerte de su Seóor, pero también su resurrección. Jesús no prometió un reino terrenal, y Tomás quería uno. “Si Jesús hubiese resucitado realmente de los muertos, no podía haber entonces otra esperanza de un reino terrenal. Y hería su vanidad el pensar que su Maestro se revelase a todos los discípulos excepto a él.

Estaba resuelto a no creer, y por una semana entera reflexionó en su condición, que le parecía tanto más oscura en contraste con la esperanza y la fe de sus hermanos. Durante ese tiempo, declaró repetidas veces: ‘Si no viere en sus manos la seóal de los clavos y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré’ (S. Juan 20:25)”.* Petición irreverente, deseo que es correspondido con misericordia extrema, dando paso a la publicación más sublime de su historia de perfil: Tomás aparece con lágrimas de gozo, tocando aquellas cicatrices que habían dado lugar a la muerte. Jesús, con mirada bondadosa, destilando gracia y una descripción que refería su experiencia: “La muerte no pudo con él” - #Elvive #venciolamuerte #haresucitado.

Jesús terminó el encuentro invitándolo a afirmar su fe. “No seas incrédulo, sino creyente” (vers. 27). Lejos de ser un regaóo, era esta una de las más sublimes confirmaciones de todos los tiempos, palabras que son el complemento de un toque, que despejan toda duda y destierran toda desesperanza, y dan lugar a una declaración que emana del alma saciada de un hombre imperfecto: “¡Seóor mío, y Dios mío!” (vers. 28).

Tomás estaba teniendo su propia experiencia de gracia ilimitada, una expresión de misericordia a la medida de sus imperfecciones. Ser imperfecto no es razón para no tener tu oportuna experiencia con el Maestro. En realidad, los encuentros con Jesús están más cargados de enfermedades, imperfecciones, dudas y vidas rotas de lo que imaginas. Tomás nos recuerda que Jesús venció la muerte, y que la tumba no pudo retenerlo.

Si al igual que Tomás te sientes solo, traicionado, rechazado, abandonado, si divagas en el laberinto de la duda, Jesús sigue siendo la mejor opción; su presencia aun continúa destilando gracia. Ven a él y permite que su poderosa gracia te envuelva y dé sentido a tu vida.

Definiciones

  • Justicia: darle al pecador el castigo que merece.
  • Misericordia: no darle al pecador el castigo que merece.
  • Gracia: darle al pecador la salvación que no merece.

La salvación

  • La fuente es la gracia.
  • El medio es la fe.
  • El fruto es la obediencia

Conversión

Mientras viajaba en tren, el brillante ateo Roberto G. Ingersoll se encontró con el General Lew Wallace. El ateo, después de burlarse del cristianismo, se volvió de repente hacia el general, y le dijo:

“Wallace, tú eres un hombre letrado y pensador. ¿Por qué no juntas el material suficiente para escribir un libro y lo entregas al mundo dando pruebas de la falsedad de Jesucristo? Prueba que ese hombre nunca existió, y que no es el autor de las doctrinas del Nuevo Testamento”.

Wallace empezó a buscar material para el libro con que debía probar la falsedad de la base del cristianismo. Visitó varias ciudades para consultar antiguos manuscritos y fuentes originales del período histórico en que Cristo vivió. Como resultado de esta búsqueda, el general Lew Wallace sacó tres conclusiones:

  • Jesucristo era una figura histórica real.
  • Jesucristo era el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.
  • Jesucristo era la respuesta a las necesidades de su propia vida.*

Sí, Jesús es real, es el Salvador de la humanidad, y es la respuesta a todas nuestras necesidades genuinas, las necesidades del alma. Jamás dudemos de su palabra. Jamás apartemos nuestros pensamientos de Jesús. Adorémoslo siempre.

* Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 747.

El autor es ministro adventista del séptimo día. Escribe desde Phoenix, Arizona.

La experiencia de la gracia

por Elvis Díaz
  
Tomado de El Centinela®
de Abril 2019