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Primero los nióos

En abril, la ONU ha marcado en su calendario de días internacionales y mundiales dos fechas importantes: El 7 fue declarado el Día Mundial de la Salud; y el 16, el Día Internacional contra la esclavitud infantil. De alguna manera, estas dos fechas han guiado la elección del contenido de este número de El Centinela.

Pero en este pequeóo espacio editorial quiero dedicar unas palabras a los nióos. Cuando pensamos en la esclavitud infantil, nuestra mente vuela a países muy pobres y lejanos. Sin embargo, el abuso infantil, que puede generar efectos tan nocivos como la esclavitud en la mente de un nióo, es un fenómeno muy cercano a cada uno de nosotros, que vivimos en un país rico (ver pp. 12, 16).

El cuidado de la mente de un nióo debería ser la prioridad de todo adulto. Detrás de cualquier forma de abuso infantil hay consecuencias devastadoras para la autoestima y confianza de un nióo. Bien podemos decir: “Dime cuán inseguro es un nióo, y te diré cuánto abuso ha padecido”.

El psicólogo Erik Erikson ha seóalado como vital el sentimiento de confianza en sí mismo como el cimiento en la construcción de la personalidad del nióo. Si los padres hacen sentir al nióo, y aún antes al bebé, que confían en él y en su capacidad, ciertamente afirmarán su autoestima y posibilitarán una adecuada identidad. Por el contrario, si predomina la desconfianza, esos mismos padres pueden conducir a que el nióo esconda sus errores, incremente sus sentimientos de culpa y revele dudas con respecto a su propia valía. La fe es el primer fundamento de la salud. El primer fruto del amor.

Para que un nióo crezca sano, mental y físicamente, necesita padres que lo amen, pero además padres que se amen entre sí. El amor matrimonial genera respeto, lealtad, responsabilidad, valoración y reconocimiento del cónyuge. Y esos valores se transmiten a los hijos.

Jalil Gibrán ha descrito poéticamente las condiciones del amor matrimonial en un bello texto de su libro El Profeta, que dice así: “Más permitid que haya espacios en vuestra unión, y dejad que los vientos dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, mas no hagáis del amor una prisión. Es preferible que sea un inquieto mar entre las playas de vuestras almas. Llenad el uno al otro la copa, mas no bebáis de una sola. De vuestro pan convidaos, empero, no comáis de la misma hogaza. Cantad y danzad juntos, y sed alegres, pero dejad que cada uno esté solo, como lo están las cuerdas de un laúd, a pesar de estremecerse con la misma música. Ofreceos el corazón, pero que cada cual sea su fiel guardián, porque únicamente la mano de la Vida puede contener vuestros corazones. Y erguíos juntos, mas no muy próximos: las columnas del templo se plantan firmes y separadas; y el encino y el ciprés no crecen uno a la sombra del otro”.*

Estas palabras bien podrían considerarse como una hermosa definición de los padres constructores de la salud y del éxito de sus hijos.

* www.gibrankgibran.org/esp/fragmentos-literarios/el-profeta/.

Primero los niņos

por Ricardo Bentancur
  
Tomado de El Centinela®
de Abril 2016