Este número de febrero, el mes del amor, está dedicado a las soluciones, no a los problemas. Cada uno de los artículos apunta a esa zona luminosa del alma humana que, fortalecida, disipa las tinieblas. Los problemas no se resuelven con más problemas, como tampoco el fuego se apaga con gasolina. Así también, debemos aprender el arte de concentrarnos en nuestros talentos y capacidades antes que en la ansiedad que despierta cualquier contratiempo. La oscuridad solo se disipa ante la luz. Queremos que este número de El Centinela sea una luz en su camino.

De todos los recursos que dispone el alma para enfrentar las fatigas de la vida, ninguno es más poderoso que el amor. No hay mejor regalo que el amor, un regalo divino que no es para ponerse ni para exhibirse, sino para compartir. El amor nos hace felices.

Para enseñarnos a amar, Dios nos envió a su Hijo. Hoy, cuando tanto se habla de homofobia, misoginia, xenofobia, segregación racial e intolerancia religiosa, haríamos bien en recordar, en el mes del amor, que Jesús no condenó a los “diferentes” ni a la gente “rara”.

Por eso, porque el Maestro del amor guardó su boca de la censura, no critiques al pobre; ámalo y ayúdalo. No maldigas al malo, más bien combate el mal. Que la mano que extiendas no empuñe un puñal, sino un bisturí, una escoba o una cesta de pan. Sé tú el que respeta, el que defiende el derecho ajeno. No persigas al que no es como tú; en cambio, esfuérzate por ser como tu Padre, que hace salir el sol sobre todos (S. Mateo 5:45).

Sirve a Dios y a tu comunidad, aunque nadie lo haga. Ora por tus enemigos y, si puedes, socórrelos cuando sufran. “Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber” (Romanos 12:20).

Y cuando ya no te acuerdes de ti mismo, serás feliz.

¡Juntos celebremos febrero, el mes del amor!

El autor es director de El Centinela.

Amor, solo amor

por Ricardo Bentancur
  
Tomado de El Centinela®
de Febrero 2018