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Hay dos grupos de personas que contemplan con anticipación el año nuevo: los que esperan que les traiga algo bueno, y los que están haciendo resoluciones para cambiar, ser mejores y labrar su propio éxito. Son dos formas de entender la vida. Para un grupo, la existencia es algo así como un ring de boxeo donde nos lanzamos para pelear y vencer (no importa si a veces perdemos). Para otros, la vida es como una estación donde estamos sentados esperando que pase nuestro tren, ya sea para subirnos o recibir algo. Como estamos sugiriendo que en el nuevo año debieras regalarte una oportunidad, podemos decir que para unos las oportunidades llegan como caídas del cielo, y para otros, se labran, hay que luchar por ellas.

Lo interesante es que en ambos grupos hay personas exitosas. Pienso en mi amigo Carlos, quien luchó contra viento y marea por obtener un doctorado en su área predilecta, y lo logró. Él pertenece al grupo de los que no se quedan de brazos cruzados. Pero también conozco a Eduardo. En su caso, no tenía ningún plan específico para su vida, ni estaba luchando por un sueño. Un día, un vecino le ofreció un pedazo de tierra árida situada en una colina de mal aspecto, cerca del mar. Era un terreno poco promisorio desde cualquier ángulo que se lo mirara. Eduardo lo aceptó porque, según él, “a caballo regalado no se le mira el pelo”. Cinco años más tarde se produjo una explosión turística en aquella región. Eduardo terminó siendo dueño de un hotel ecológico en ese pedazo de tierra cerca de un acantilado. La vida le sonríe.

Hay quienes piensan que las oportunidades son cuestión de suerte. Otros, en cambio, consideran que éstas son para los más listos, aptos y valientes. Según ellos, tienes que estar atento y bien preparado para que cuando llegue la oportunidad no la dejes escapar.

Ya sea que pensemos que las oportunidades en la vida son cuestión de suerte o fruto del esfuerzo, hay algo que es válido para ambas posiciones: no todos las reconocen y las aprovechan.

La Biblia y las oportunidades

En las Escrituras, la oportunidad no es un premio reservado para los más inteligentes o para los que tienen más suerte. En cambio, es una realidad disponible para cada persona. El sabio Salomón escribió: “Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos” (Eclesiastés 9:11).

Si “tiempo y ocasión acontecen a todos”, ¿cómo podemos identificar nuestra ocasión y tiempo? ¿Cómo podemos hacer de nuestra vida un constante caminar sobre la ola de la oportunidad? La mejor respuesta la ofreció Jesús. En su ministerio entre los hombres, Jesús presentó la oportunidad de dos maneras:

Como un llamamiento a vivir con propósito. Si no el más rico, sin duda Zaqueo era uno de los hombres más acaudalados de Jericó. Este hombre de estatura pequeña pero complexión fuerte y atlética, pertenecía al grupo de los que creen que debemos labrarnos las oportunidades al precio que fuere. Era un hombre inteligente, con gran iniciativa, mucha astucia y pocos escrúpulos. Para él, la vida era un ring de boxeo donde había que pelear a ganar o morir. Pero Cristo le hizo ver que la oportunidad no se logra siendo oportunista, sino que ésta consiste en vivir con un propósito digno.

Cada mañana, millones de personas se despiertan, y su única preocupación es sobrevivir un día más. Su meta es trabajar duro para pagar facturas y deudas. Maldicen su trabajo porque se sienten infelices en él, pero no lo pueden dejar porque es su única fuente de sustento. Tienen que seguir luchando. La vida de estas personas carece de propósito.

Tal había sido la vida de Zaqueo. Pero ese día, en la presencia de Jesús, descubrió el sentido de lo eterno. Se dio cuenta de que la vida es algo más que luchar por hacer dinero. Por primera vez en su existencia se dio cuenta de que debía vivir para hacer el bien al prójimo. “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (S. Lucas 19:8), le dijo al Maestro.

Vivir con propósito consiste en vivir por un ideal más grande que nosotros mismos. Ese ideal comprende dos grandes puntos de referencia. El primero es la eternidad. Debemos vivir el presente como una oportunidad de preparación para la eternidad. El segundo punto de referencia consiste en el prójimo. Hemos de vivir en esta tierra para hacer mejor la vida de los demás. Por eso, al iniciar un nuevo año, define cuál es el propósito de tu vida. Si la eternidad es tu destino, y servir al prójimo es tu llamamiento, ¿cómo vivirás tu vida en este nuevo año? Vívela con propósito. Tienes talentos y dones. Tienes destrezas innatas. Pregúntate, ¿cómo puedo poner mis talentos al servicio de una causa mayor que yo mismo? ¿Cómo puedo ser útil a la sociedad? ¿Qué cambios debo hacer en mi patrón de vida para vivir con un propósito por encima de solo trabajar para pagar cuentas?

Como un regalo redentor. Para Jesús, la oportunidad también consistía en redimir. Es decir, la oportunidad no es algo que te beneficia a expensas de los demás, más bien es algo que te transforma, te levanta, te hace mejor de adentro hacia afuera, y esto trae gran gozo y prosperidad a tu vida y a la vida de quienes te rodean.

En su primer sermón en una sinagoga, Jesús dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (S. Lucas 4:18). “El año agradable” al que hace referencia Cristo se celebraba en Israel cada cincuenta años. Ese año, por ley nacional los esclavos quedaban libres, las deudas eran perdonadas, y los que habían tenido que vender sus propiedades por problemas económicos las volvían a recuperar. En verdad, era un año de oportunidad para todos en Israel.

Con su arribo a este mundo, Jesús hizo extensivo ese año de libertad a cada ser humano cada minuto de su existencia.

Regálate una oportunidad en este nuevo año. Puede que pienses que lo que más necesitas es un trabajo, cuando en realidad lo que necesitas es encontrar el propósito de tu vida. Puede que pienses que necesitas un mejor cónyuge, cuando lo que necesitas es ser transformado en lo más profundo de tu corazón. Puede que pienses que necesitas ser más listo, más astuto, más rápido, cuando lo que en verdad necesitas es abrazar la vida misma como una oportunidad de vivir con un propósito digno, ya sea que el viento sople a favor o en contra, haya lágrimas o risa en tu rostro, derrota o victoria en tu vida. La oportunidad tiene la forma de un llamamiento y la promesa de redimirte de la autodestrucción.


El autor es licenciado en Teología, escritor y traductor. Vive en Portland, Oregón.

Regálate una oportunidad

por Edwin López
  
Tomado de El Centinela®
de Enero 2014