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La pregunta crucial no tiene que ver con la manera en que el manuscrito fue obtenido. Lo que importa es: ¿Revela este relato nueva luz sobre el relato de la crucifixión? ¿Nos ayuda a entender mejor la verdad acerca de Jesús y Judas?

En algún momento de la parte tardía del segundo siglo o la primera parte del tercero, alguien escribió un manuscrito de 26 páginas y lo tituló “El Evangelio de Judas”. Quienquiera lo escribió, no fue Judas, el famoso traidor que murió pocas horas antes de Jesús, en la primavera de 27 d.C.

Pero el autor tejió una trama intrigante que habla de una relación secreta y conspiratoria entre Jesús y Judas. En este relato, Judas tiene el primer lugar entre los discípulos, y es el más cercano a Jesús. Y debido a esta cercanía, que ningún otro discípulo comparte, Jesús le pide a Judas que lo traicione. En vez de ser un villano o una figura trágica, Judas surge como un héroe.

Es posible que Ireneo, un líder cristiano del segundo siglo, leyó un libro con el mismo título, porque lo mencionó por nombre en 186 d.C. No sabemos si era el mismo libro. Al igual que Ireneo, la iglesia cristiana primitiva rechazó el “evangelio de Judas” y con el tiempo se desapareció, excepto una copia, que fue preservada con otros documentos en forma de papiros. Y esos papiros estuvieron escondidos durante los 17 siglos siguientes. Mientras tanto, el poder del Nuevo Testamento transformó el mundo, de tal manera que la historia es registrada en relación con el nacimiento de Jesús. Durante esos siglos, generaciones de lectores han luchado con el relato de Judas.

Mientras estos antiguos documentos se encontraban ocultos durante el siglo XX, dos novelistas exploraron el papel de Judas en el Nuevo Testamento. Mikkail Bulgakov, en The Master and Margarita (El Señor y Margarita), resolvió el dilema de la conducta de Judas describiéndolo en términos de un extraño que entrega a Jesús únicamente por el dinero. Según la novela, Judas ni siquiera fue uno de los doce discípulos. Por otra parte, el novelista francés Roger Caillois, en Poncio Pilato, describió a Judas de una manera muy similar a la que aparece en el antiguo papiro. Caillois nunca vio el manuscrito, pero en su análisis de Judas, llegó a las mismas conclusiones.

Hace un par de décadas, alguien encontró el papiro del “evangelio de Judas”. Pudo haber sido un niño pastor como el que encontró los rollos del Mar Muerto. No sabemos. Pero alguien lo descubrió, alguien que no tuvo en cuenta su valor histórico y quien se interesó únicamente por su valor monetario. De esta manera, el manuscrito salió de su escondite y se introdujo en el tenebroso mundo del mercado negro de antigüedades. Con el tiempo, llegó a una caja fuerte en Long Island, Nueva York. Luego, en 2000, la tratante suiza de antigüedades, Frieda Nussberger Tchacos “rescató” el papiro.

Los artefactos antiguos que se obtienen por medios legales llevan consigo un registro de tales cosas como fechas y el lugar de su hallazgo, métodos empleados para determinar su autenticidad y la historia de su posesión. Por otra parte, hay individuos que roban artefactos de lugares arqueológicos para venderlos. Esto a menudo perjudica otros objetos y destruye la evidencia arqueológica, lo que elimina la fuente de información crucial. Para aminorar este pillaje, muchas naciones han pasado leyes que prohíben la compra de estos artefactos.

Debido a estas leyes, Tchacos no podía vender el papiro legalmente. Hace varios años, la Universidad de Yale se negó a comprar el manuscrito por causa de esto. Para esquivar estas leyes, Tchacos y su abogado vendieron el “contenido” del papiro, pero no el manuscrito físico en sí. Dadas tales contorsiones éticas, no es extraño que la Sra. Tchacos se sintiera identificada con Judas. En varias ocasiones ha dicho: “Judas me estaba pidiendo que hiciera algo por él”. Como pago por esta buena obra, Tchacos recibirá más de $2 millones de dólares. Otra complicación es que la Sra. Tchacos enfrenta acusaciones de haber vendido artefactos históricos robados a lo largo de varios años.

A pesar de estos problemas, National Geographic decidió publicar el contenido y producir un programa televisivo acerca de este “evangelio” olvidado.

La pregunta crucial no tiene que ver con la manera en que el manuscrito fue obtenido. Lo que importa es: ¿Revela este relato nueva luz sobre el relato de la crucifixión? ¿Nos ayuda a entender mejor la verdad acerca de Jesús y Judas?

Un “evangelio” gnóstico

La respuesta es no. Los eruditos están de acuerdo en que refleja, no los pensamientos de Judas, sino las tradiciones de una secta cristiana temprana cuyos seguidores eran conocidos como “gnósticos”. La palabra “gnóstico”, proviene del griego gnosis, que significa conocimiento. Los “gnósticos cristianos” creían que el camino de la salvación ocurría por medio del conocimiento secreto compartido por Jesús con su círculo íntimo.* Y esto es precisamente lo que presenta el “evangelio de Judas”: un Judas cuya relación con Jesús le da acceso a un conocimiento secreto que los otros discípulos carecían, y quien conspira con Cristo en vez de traicionarlo.

Esto contradice directamente el relato bíblico. Mateo y Juan eran testigos de primera mano que declararon lo que habían “visto y oído” (1 Juan 1:3). Los eruditos aceptan que el relato de Marcos vino de San Pedro, quien también fue testigo ocular. Lucas, que vivió durante el tiempo en que ocurrieron los eventos, dijo que “había investigado con diligencia todas las cosas desde su origen” (S. Lucas 1:3). Como podríamos esperar de cuatro testigos independientes de los mismos eventos, sus relatos difieren en sus detalles, pero concuerdan en los puntos importantes. Y todos concuerdan en que Judas traicionó a Jesús (S. Mateo 10:4; S. Marcos 3:19; S. Lucas 22:4; S. Juan 6:71).

Como uno de estos doce discípulos, Judas pasó muchas horas con Jesús. A Judas, al igual que a los otros, Jesús le reveló el conocimiento de “los misterios del reino de Dios”. (S. Lucas 8:10). Pero a diferencia de los gnósticos, que creían que el conocimiento conduce a la salvación, la Biblia enseña que conocer acerca de Jesús no basta. Debemos conocerlo y ser conocidos por él (S. Mateo 7:23; S. Juan 17:3). El relato bíblico demuestra que Judas nunca creyó totalmente en Jesús. Él nunca entendió que la muerte de Jesús traería salvación eterna. Más bien vio a Jesús como un líder político. Y con la muerte de ese líder político, murieron sus propias ambiciones. Por eso se quitó la vida.

La historia de cómo vino a la luz este antiguo papiro provee un relato fascinante. Pero la historia de Judas sigue siendo una tragedia de una amistad traicionada y la perdición eterna.

El Judas bíblico

“Si no fuera por la esperanza, el corazón se hiciera pedazos”. Esto escribió el inglés Tomás Fuller (1608–1661), un pastor e historiador. Todos nos aferramos a la esperanza. Queremos creer que el futuro será mejor. Por esto apoyamos al débil, por esto nos gustan los finales felices. Si hay la posibilidad de que el peor villano sea rehabilitado, que el David más pequeño pueda vencer al Goliat más gigantesco, que el pato más feo pueda tornarse en un cisne, quizá haya esperanza para nosotros.

Pero la narración bíblica no le ofrece mucha esperanza a Judas.

La Biblia presenta la crucifixión como un estudio en contrastes dramáticos: vida y muerte; fidelidad y traición, luz y sombra. Los cuatro Evangelios bíblicos describen una imagen de Judas en trazos oscuros. Juan abiertamente se refiere a Judas como ladrón (S. Juan 12:6). De todos los discípulos, sólo Judas conspiró con los enemigos de Jesús y vendió a su Maestro por el precio de un esclavo (S. Mateo 26:14, 15). Con un beso traicionero, Judas señaló a Jesús para su apresamiento. Más tarde, abrumado por la culpa, devolvió el dinero, pero sus cómplices lo rechazaron con las palabras: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” (S. Mateo 27:4). El traidor fue traicionado y en desánimo cometió un horrible suicidio.

De todos los personajes principales de este drama, Judas es el que más nos molesta, aunque no fue el único en tratar mal a Jesús. Todos los discípulos huyeron cuando Jesús fue arrestado. Pedro lo negó tres veces. El cobarde Pilato vio la inocencia de Jesús, pero lo abandonó a la multitud. Y Jesús se negó a responderle a sus acusadores, incluyendo al rey Herodes.

Pero Judas nos molesta porque pasó más de tres años con Jesús y nunca llegó a comprenderlo cabalmente. Judas nos molesta porque su traición puso en marcha eventos que llevaron a la salvación de otros, pero significó la condenación eterna para sí mismo. Según Jesús advirtió, “mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (S. Mateo 26:24).

Judas nos molesta porque su historia tiene un final triste. Es natural que queramos reescribir la historia, buscar otro destino para Judas. El autor del “evangelio de Judas” en el tercer siglo, quiso hacer tal cosa, pero atentó contra la expresión bíblica del plan de salvación.

En los Evangelios, la historia de Judas es una lección práctica sobre la manera en que el plan de Dios para la salvación humana funciona. Jesús vino a salvar a los perdidos, pero el hombre siempre tiene la opción de rechazar su maravillosa invitación.

*Stefan Lovgren, “Lost Gospel Revealed; Says Jesus Asked Judas to Betray Him”, National Geographic News, 6 de abril de 2006.


Ed Dickerson escribe desde Garrison, Iowa.

El Evangelio de Judas vs. las Sagradas Escrituras

por Ed Dickerson
  
Tomado de El Centinela®
de Agosto 2006
  

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